Albert Ràfols-Casamada + Lluís Bassat

La flecha que sorprendió al mundo

Eran las once menos cuarto de la noche del 25 de julio de 1992 cuando Antonio Rebollo tensó su arco, lanzando una flecha que rasgó de fuego el cielo de Barcelona durante tres segundos. Más de 1500 millones de personas en todo el mundo contuvieron la respiración. Y acertó. Ardió el pebetero y estalló de júbilo el Estadi. Lluís Bassat con un gran equipo de personas organizó una bellísima y elegante ceremonia de inauguración en la que el fuego del arquero ha quedado en la memoria popular como el símbolo de los mejores Juegos Olímpicos de la historia y la mayor campaña de Barcelona jamás imaginada.

En el encuentro con el maestro Albert Ràfols-Casamada, Lluís Bassat aporta su mayor tesoro: la flecha. Ràfols-Casamada, el heredero de Rothko, apodado maestro de color, figura crucial del arte catalán de la segunda mitad del siglo XX, pinta un cielo para esa flecha. Primero, perfilan su silueta dejando la simplicidad de su forma desnuda. Y Ràfols busca el azul, azul mediterráneo, azul mar de Barcelona, azul cielo y enciende de luz el lienzo con gradaciones y transparencias. Retoca con ocre. Azul y ocre. La elocuente sensibilidad de un poeta con lenguaje de pintor.

Lluís Bassat expresa un deseo: “Ojalá cuelgue este cuadro en la pared de una institución pública como recuerdo imborrable de la flecha que sorprendió al mundo.