Arranz-Bravo + Ferran Adrià

El festín de los sentidos

Eduard Arranz-Bravo es capaz de imaginar una fábrica de estridentes colores para alegrar una autopista gris. A Ferran Adrià le gusta jugar a inventar, como Sherezade, las mil y una tentaciones de “El Bulli”, su restaurante tres estrellas Michelín. Coinciden ambos en el gusto por los horizontes lejanos.

Así que el día en el que este pintor de platos –suspenso en artes plásticas en su infancia– y aquel horneador de colores se unen para crear “AB FA El festín de los sentidos”, recurren para entenderse a esa creatividad que tantos aplausos arranca en museos y cocinas de todo el mundo. Ambos deciden plasmar sobre tela blanca una clase teórica sobre el placer de comer. Arranz-Bravo traza una figura humana volumétrica, casi el boceto de una escultura, mientras Adrià desgrana una clase teórica acerca del gusto. Se detiene en los detalles, desmenuza los matices, lo acompaña con un ejemplo… parece como si su voz quisiera diluirse en pintura y guiar el impetuoso pincel de Arranz- Bravo. Luego, el taller se convierte en una cocina-laboratorio donde imaginar, inventar, buscar, probar, tantear, revolver… Y ahí está. Una imagen llena de sabiduría expresada en vibrantes colores que envuelven un corazón de pétalos de rosa. Viajará como experiencia en el alma del pintor, y en la maleta de Adrià para ilustrar las lecciones que imparte en aulas como las de Harvard.

Al final, resultó fácil el desafío porque lo suyo, lo de los dos, consiste al fin y al cabo en despertar emociones.