Joan Gardy Artigas + Jaume Aragall

El Liceu

El tenor nacido en la Ribera de Barcelona Jaume Aragall admira la obra de Joan Gardy Artigas, el ceramista que revistió de colores la estructura desnuda de “Dona y Ocell” de Joan Miró. Por su parte, el autor de la gota de oro y ocre que se contempla en la Diagonal frente al edificio negro de “La Caixa”, profesa admiración por una de las voces más bellas del mundo.

En este encuentro unen talentos para pintar el Gran Teatre del Liceu. Y empiezan por la platea. El exigente público de Barcelona, que lo ha visto actuar en más de un centenar de funciones, adora a este tenor de voz de cristal desde el momento en el que pisó el escenario en 1964 con una inolvidable “Bohème”. Una lluvia de octavillas caía el día que no le concedieron un premio: “Ells tenen l’Astúries; tú, el nostre cor”.

Aragall alaba las dimensiones del coliseo, su brillante decoración y su inmejorable acústica. El ceramista dibuja la orquesta –a excepción de los timbales– y el cantante engrandece con gran afecto la “Casa Tribó”, la concha del apuntador. Y después, ahí va la partitura que llena de sonido musical el cuadro. “Lástima, si fuera “La Bohème”…”, ahoga en un lamento: desde aquella vez en el Liceu, ni una sola función de la obra de Puccini de las 400 que ya ha representado ha dejado de emocionarle hasta el llanto.

Cuando ya la marca de la casa, la inicial del Liceu, luce en el bambalinón, el artista cubre el cuadro de notas musicales mironianas o clavos torcidos, para que Aragall los encuentre y los esconda en su manga como preciados talismanes.

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