Joan Hernández Pijuan + Pasqual Maragall

Cilindro blanco

Un maravilloso paisaje claro de vetas oscuras sirve de fondo a la expresión de un concepto, un gesto del subconsciente. El conceptualista Joan Hernández Pijuan ha querido provocar la inspiración de Pasqual Maragall regalándole un espacio vacío –de apariencia monocromática– formado por sedimentos de capas de óleo: morado, negro y, en la superficie, un color que recuerda al blanco.

Y el que fuera alcalde de Barcelona que un día soñó con una ciudad olímpica –y lo fue–, no muestra tensión ante el vacío, a lo sumo una leve inquietud que supera con acción: se planta frente al cuadro abstrayéndose del ambiente, toma el carboncillo y en breves segundos traza cuatro rayas que surcan la piel blanca del lienzo dejando una herida negra.

Esos cuatro trazos forman la figura de un cilindro oblicuo, simple, casi infantil pero claramente maragalliano pues es una imagen más de mil veces repetida por su autor. ¿Mil? Quizás millones. Aparece cada vez que su atención está centrada en otros asuntos y su pluma garabatea sobre un papel en blanco. Posiblemente los intérpretes de los signos del subconsciente lean en este cilindro blanco que es un soñador: ahora mismo aspira a presidir Cataluña.

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