Robert Llimós + Ricardo Bofill

El nacimiento de una ciudad

Ricardo Bofill crea ciudades enteras. Los Estados ponen a disposición de su imaginación grandes espacios, un terreno en el Lejano Oriente, medio millar de kilómetros cuadrados de tierra argelina…Y su rápido carboncillo va esbozando edificios de oficinas, viviendas, centros comerciales, escuelas y hospitales: dimensiones a la altura del sueño de cualquier arquitecto.

Bofill crea dos proyectos al mes –y sus croquis adquieren valor por sí mismos, especialmente, entre coleccionistas japoneses–. Tal es la frecuencia de producción que no resulta extraño que en “El naixement d’una ciutat” el autor que dotó de personalidad al aeropuerto barcelonés perfile un “sky line” mientras charla con Robert Llimós y guarda en el bolsillo de su pantalón la mano que no pinta. Un alarde de genialidad. Los contornos que imagina Robert Llimós resultan más carnales. Asume el pintor la parte más arriesgada: dibujar sobre la creación anterior. Y opta por yuxtaponer otro perfil.

Maestro de la simplicidad apenas acaricia el lienzo con sinuosos movimientos cuando entre edificios de formas irregulares y hoteles vela nunca construidos va dando forma a la silueta de una bellísima mujer desnuda, recostada sobre el plano del suelo. Una figura voluptuosa y sensual, como una escultura de Clarà, pero carente del peso del mármol, liviana y transparente, como pintada con luz en el espacio. Todo un elogio a la sencillez.

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